
Volveremos: Es lo que pensé cuando me sacaba la lagrima justo antes de entrar en el vestuario.
Los primeros minutos muy bien, aguantamos a un equipo bastante más bueno de lo que ya esperábamos, pero nos superaban de tal manera que nos metieron un parcial tremendo. La primera parte acabó con una diferencia abismal.
La charla de la media parte fue más importante de lo que pensé. Era la primera vez que no sabía que decir, aún así saqué lo poco de esperanza que me quedaba e hice una insubstancial charla indicando los errores principales y aportando algunas soluciones. Sobretodo intenté transmitirles la idea de que "era posible" porqué realmente lo pensaba, no sabía como, pero pensaba que sería posible. Eso y que el marcador se ponía a 0, que empezáramos de nuevo.
Salimos mucho más tranquilos, más centrados, mucho más orden, y los resultados empezaron a llegar, nuestra defensa se centró, cesaron y dimos replicas a cada ataque con bastante gracia y buen juego.
La segunda parte empate, grandisimo resultado si no fuera por el acumulado de la primera parte. Con una buena sensación pero un regusto malisimo de boca, di la mano al otro entrenador, felicité al árbitro por el partido (se estrenaba en la categoría y era amigo mío, me parece que he sido el primer entrenador en animar al árbitro durante un partido) y luego esperé a que todos hubieran entrado al vestuario, miré la pista, a los que quedaban por las gradas, repetí mi volveremos interior y tiré pa' lante.
Charla rara, pienso que todos notaron que estaba extraño, supongo que ellos, como ya so confesé, no se daban cuenta de la situación. Acabé como pude, ya que en verdad me estaba derrumbando por dentro y poco más. En el fondo es que estaba orgulloso de ellos, no habían jugado tan mal, nadie se esperaba que lo hicieran tan bien, y lo hicieron juntos, en grupo, como una piña (como en la imagen). No podía meter bronca, no podía hacer nada más que felicitarlos, pero no lo entendían, ni yo. Tenía ganas de abrazarlos uno a uno, pero no me atreví.
Por la noche quedé con un jugador, luego con un amigo, y luego con un amigo-directivo. Para ver si así se me iba el mal gusto que aún horas después tenía en la boca. Al final vi a todos y no vi a nadie. Necesitaba estar solo... empecé a caminar por Barcelona como quien no quiere la cosa, armado con el mp3 y un par de canciones, se me pasaron unas tres horas, y acabé en el césped (mojado) aquel del Maremágnum estirado llorando un rato. No era de desesperación, era simplemente no sé, pena, nostalgia, me plantee muchas cosas, supongo que estaba deprimido. Pero no lo sé.
Pensaba: cual será el siguiente reto? Volveremos... nosotros podemos...